
Desde fuera, las iglesias de Rávena son edificios de ladrillo, sobrios, casi modestos. Se empuja la puerta y aparece el oro: bóvedas enteras de teselas, procesiones de santos, cielos estrellados colocados hace quince siglos y todavía intactos.
IUna capital de imperio
En 402, el emperador Honorio hizo de Rávena la capital del Imperio romano de Occidente. La ciudad fue después la del rey ostrogodo Teodorico, y luego sede del poder bizantino en Italia. Cada época dejó allí sus mosaicos, y por eso en ningún otro lugar se encuentra un conjunto tan completo.
Ocho monumentos paleocristianos de Rávena son patrimonio mundial de la UNESCO desde 1996.

IIEl cielo de Gala Placidia
El mausoleo de Gala Placidia, del siglo V, es diminuto. Pero su bóveda es un cielo nocturno de un azul profundo, sembrado de estrellas de oro alrededor de una cruz. Los visitantes se quedan mucho tiempo, con la cabeza alzada, en la penumbra.
Ese azul de noche y ese oro los encontrará en nuestro Nox Alpina. Las teselas de oro de Rávena están hechas de una lámina de oro entre dos capas de vidrio: ligeramente inclinadas, captan la luz de forma distinta según dónde uno se sitúe.

IIISan Vital y las olas
En San Vital, consagrada en 547, el emperador Justiniano y la emperatriz Teodora se miran, rodeados de su corte, en paneles de una finura asombrosa. En San Apolinar Nuevo, largas procesiones de mártires y vírgenes avanzan a lo largo de la nave.
Los bordes de estos mosaicos están hechos de olas, roleos y motivos que se enrollan sobre sí mismos. Nuestro pañuelo Vagues et coraux nació de esos frisos: el mar visto como una danza. Dante, muerto en Rávena en 1321, descansa a pocas calles de allí.
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