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Ginebra · 3 min de lectura

Ginebra, la ciudad junto al agua

Ginebra se descubre desde el agua. Sobre la rada, las gaviotas giran alrededor de los barcos de ruedas, los muelles se alargan bajo los plátanos y, con el cielo despejado, el Mont Blanc se dibuja por encima de los tejados. En medio, un penacho blanco sube hacia el cielo.

IEl Jet d'eau, una válvula convertida en símbolo

El Jet d'eau nació de un problema técnico. En 1886, la central hidráulica de la Coulouvrenière debía evacuar el exceso de presión de su red: se dejó que el agua saliera disparada. El chorro gustó tanto que en 1891 se instaló en la rada. El que se admira hoy data de 1951 y se eleva a 140 metros.

Es el que pusimos en el centro de nuestro plano de Ginebra, entre los puentes y los muelles, como el corazón que late en el mapa.

IIUna ciudad de precisión

Ginebra es una de las capitales de la relojería. Desde 1886, el Punzón de Ginebra distingue los relojes cuyo mecanismo se ensambla y se regula en el cantón según criterios estrictos. Esa cultura de la precisión impregna la ciudad, sus talleres y sus calles.

En la Ciudad Vieja, las callejuelas empedradas suben hacia la catedral de Saint-Pierre. Desde lo alto de sus torres, la ciudad entera se lee como un mapa: la rada, el Lemán, el Jura a un lado, los Alpes al otro.

IIIEl lago en todas las estaciones

El Lemán es uno de los lagos más grandes de Europa occidental. En los Bains des Pâquis, los ginebrinos se bañan incluso en invierno, antes de compartir una fondue en el espigón. Es una imagen muy ginebrina: sencilla, elegante, un poco inesperada.

Nuestro pañuelo Ginebra retoma los mapas antiguos, con sus calles dibujadas una a una y su corona de olivo. Se puede leer como quien pasea: partiendo del chorro de agua, y luego perdiéndose.

Los pañuelos nacidos aquí
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